CALLE NUEVA
PESCAITO FRITO
Manuel Fernández Olvera
Primero fue la caballa. Su precio cayó tanto por los suelos, que los pescadores las arrojaban, por la borda, de nuevo al mar. En los mercados no se pagaba ni a céntimo el kilo. Ahora le ha tocado el turno a la, siempre sabrosa, sardina. Su precio ha caído tanto, que el mismísimo Patrón Mayor de La Cofradía de Pescadores motrileños, Paco Barros, ha recomendado que cada barco no coja más de 300 cajas, para no saturar el mercado. En cambio, tiene huevos que una caja - de 10 -15 kilos de sardinas – salga en la lonja de Motril a 9 €, y luego se venda en el centro comercial de La Vaguada (Madrid) a casi 7 € el kilo. O lo que es mas sangrante, que vayas un domingo a un bar o un chiringuito de nuestra Costa y te claven 8 € por una ración de 7 sardinas asadas. ¿Qué abuso!.
La verdad es que la sardina ha sido siempre el pescado preferido del pueblo llano y sencillo. Junto al jurel y el boquerón. Pero los tiempos, y los gustos, cambian. Ahora son los mariscos de todas clases y procedencias, los que predominan y abarrotan los puestos de los mercados, aunque estén a precios astronómicos.
Claro que sobre gustos, no hay nada escrito. A mí, lo reconozco, desde nunca me han gustado mucho los besugos (tienen muchas raspas), y mucho menos las brótolas, aunque sean de roca (¡qué feas son las joías!). No las trago. A este animal lo encuentro prepotente, feo y baboso, qué quieren que les diga. Que se lo coma quien no tenga más remedio, como mi querido amigo el alcalde, que últimamente parece que le gusta mucho.
Yo recomiendo nuestra tradicional sardina (en espetos), para que recupere el puesto que le corresponde dentro de la dieta mediterránea. Es barata y buena para el colesterol. Fin.
(Hoy no escribo de política. ¡Uff…qué bien!. Espero, por tanto, que a nadie se le atragante el artículo).